Sonríe, no eres yo



Lo confieso, mi momento favorito de la contrahistoria de la Filosofía es cuando Alejandro Magno, atraído por su fama, se planta frente al filósofo-indigente Diógenes de Sínope, que vive, según la tradición, despojado de todo en un tonel de las calles de Atenas, y le dice: “Pídeme lo que quieras”, a lo que Diógenes contesta: “Apártate, que me estás quitando el sol”. La hermenéutica ha producido, como no podía ser de otra forma, toneladas de crítica sobre cómo esa frase aparentemente banal fue el primer statement situacionista de la historia: la petición, por parte de Diógenes, de que el hombre más poderoso del mundo reconociera abiertamente, con un solo paso, su inferioridad frente él. Pero es incluso más interesante pensar en la secuencia restándole la testosterona. Y es que el mundo de los filósofos cínicos tiene la ventaja de que funciona también desde la estricta literalidad. “Apártate, que me estás quitando el sol” pudo muy bien significar sencillamente eso: “Apártate, que me estás quitando el sol”. Es decir, nada.

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